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El sexo y la tercera edad

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Sexo Salud Tercera edad

La sexualidad es una de las dimensiones más ricas de la vida en la tercera edad, contradicienod el prejuicio más recurrido de nuestro tiempo.

La sexualidad es una función humana dinámica, de dimensión bio-psicosocial, como todas las conductas del hombre.

La función placentera, también llamada función erótica, está legitimada absolutamente por la ciencia, perdiendo así­ su carácter de simple señuelo de la naturaleza para presenvar la conservación y propagación de la especie.

El anciano, privado de su capacidad reproductiva sólo posee la función erótica de su sexualidad. Por eso, nosotros denominamos a esta etapa de la vidad como la Edad del Erotismo.

En el consultorio, el tema sexual no se interroga con frecuencia. Cuando sehace, puede predominar la incomodidad, pues el médico está acostumbrado a interrogar sobre los dolores y no sobre los placeres.

La andropausia o climaterio viril es discutida como entidad clí­nicacamente el 5% de los varones presenta un sí­ndrome tan brutal como el de la menopausia. Hay coicidencia, sí­, en que los cambios en la sexualidad del hombre son más acusados a patir de la sesentena, tanto en el aspecto fí­sico como hormonal, y la potencia sexual disminuye de acuerdo a la estadí­sticias de Kinsey.

Los cambios psicofisiológicos

Está demostrado que el comportamiento sexual no está en correlación estricta con la actividad hormonal, sino de la integridad del sistema nervioso central y los mecanismos de defensa psicológicos del anciano.

La actividad sexual del anciano se mantiene en alta proporción: el 88 por ciento de los varones y el 66 por ciento de las mujeres entre 46 y 71 años, en una muestra de Pfeiffer. El 75% de los varones tení­a por lo menos una relación sexual por mes, el 37% una vez por semana.

La incapacidad de realizar el coito por los varones constituye una muestra estadistica lineal de las más regulares: a los 60 años, el 18,4% de los varones es impotenten, a los 65 el 25%, a los 70 el 27%, a los 75 el 55% y a los 80 años, el 75%. Pero a los 80 años el 25% de los varones no es impotente!

En el hombre, disminuye la firmeza de la erección. La estimulación eficaz para lograr la erección debe ser más prolongada y ejercida más directametne sobre el glande, que en edades menores.

También disminuye el volumen del semen eyaculado. Con respecto a la eyaculación, el anciano tiene una menor necesidad de eyacular. Esto debe saberse por parte de la mujer, quien no debe sentirse frustada pro la no eyaculación del hombre durante el orgasmo, que acontece igual.

La terapia y la iatrogenia

El uso adecuado de las hormonas masculinas da un excelente resultado cuando están indicadas correctamente. En el climaterio masculino los efectos benéficos de la tetosterona y sus derivados sintéticos son espectaculares: siempre se debe descartar el cáncer de próstata, con sencillos análisis de sangre. Kolodny propone que el climaterio masculino se diagnostique con dos elementos: bajos niveles de tetosterona y mejorí­a sintomática franca con tetosterona de reemplazo.

Los más modernos recursos terapeúticos para la impotencia sexual fueron diseñados por los médicos para los ancianos, principalmente.

Prótesis cavernosas, inyecciones intravenosas de sustancias vasoactivas, muy eficaces, así­ como las pí­ldoras más recientes. 

La polifarmacia con psicofármacos, algunos bloqueantes ganglionares, parasimpaticolí­ticos, difitálicos y antihipertensores, utilizados sin considerar qu ele anciano puede sufrir consecuencias en su esfera sexual, revela que el médico se refugia em la idea de que el anciano siempre está en juego la vida, y no la calidad de vida.

Conclusión

La sexualidad en la tercera edad plantea la actualidad de que no hay terreno en el cual existan menos conocimientos auténticos y más fábulas que en el de la sexualidad del anciano. Masters y Johnson decí­an en 1970 que desde el punto de vista psí­quico-sexual, el hombre de más de 50 años tiene que enfrentarse con uno de los más graves errores de nuestra cultura: todo el que se encuentra en estas edades es considerado, sin criterio alguno, como minusválido sexual, tanto por la opinión pública como también por los cientí­ficos.

Ante todo, el viejo puede darse cuenta de que el sexo constituye una forma de continuidad en la más amplia continuidad de la existencia y es capaz de concebirlo al modo de un lenguaje que perfecciona, enriquece y refuerza la relación human, compensando sus insuficiencias – cuando las hay con la experiencia, el refinamiento y sobre todo, con las fantasí­as. Las fantasí­as junto con los recuerdos, consituyen medios de primer orden en la práctica de la función sexual.

Aunque cada vez se acepta más que el anciano está sexuado y posee sus derechos sexuales, hay estereotipos que lo niegan como vergonzosas, desagradables, ridí­culas, perversas o delirantes.

Consideraciones finales

Insistimos en que los ancianos deberí­an beneficiarse con la Educación Sexual de acuerdo con los procedimientos didácticos adecuados a sus particulares condiciones: la educación sexual no formal.

Si está demostrado que su actividad sexual está en relación directa con los hábitos sexuales establecidos durante sus años procreativos, lo más probable es que dichos hábitos sean equivocados o insuficientes para asegurarles una vejez con sexualidad sana.

El mantenimiento de la actividad sexual regular en la vejez, no sólo es un signo, sino una garantí­a de salud y equilibrio; una lucha contra el aislamiento y por la integración.